
Revista: SHARE INTERNACIONAL
Ejemplar: Octubre 2008
Título: El déficit democrático
Autor: Entrevista con Noam Chomsky por Jason Francis - Primera Parte
El déficit democrático
Entrevista con Noam Chomsky por Jason Francis - Primera Parte
Noam Chomsky es profesor emérito del Instituto de Tecnología de Massachusetts en Cambridge, Massachusetts, EEUU, donde enseña lingüística y filosofía. Él ha recibido un amplio reconocimiento por haber revolucionado la lingüística moderna y ha sido galardonado, entre otros honores, con el Premio a la Contribución Científica Distinguida de la Asociación Psicológica Americana y la Medalla Benjamin Franklin en Ciencia de la Computación y Cognitiva. También aclamado internacionalmente como un erudito en temas como la política y la política exterior, ha escrito muchos bestsellers que incluyen Hegemonía o Supervivencia: la estrategia imperialista de Estados Unidos (2003), Estados Fallidos: el abuso de poder y ataque a la democracia (2007) e Intervenciones (2007). Noam Chomsky fue entrevistado para Share International por Jason Francis.
Share International: ¿Cómo describiría usted la relación existente entre las grandes corporaciones y los gobiernos nacionales?
Noam Chomsky: Como una amplia generalización, uno casi podría decir que los gobiernos son agencias de las grandes corporaciones. Simplemente mirad quiénes ocupan las oficinas ejecutivas, o el enorme efecto de las decisiones económicas para establecer parámetros para las decisiones gubernamentales. Por otro lado, existen muchos casos interesantes de conflicto entre intereses de estado y corporativos incluso cuando el estado está bastante controlado por las corporaciones.
De hecho, estamos en el medio de un conflicto corporación-estado así justo ahora. La administración Bush es casi una filial de las corporaciones energéticas. Existe una relación muy estrecha. Por otro lado, las políticas de la administración Bush tienen la oposición de las corporaciones energéticas. Durante un largo período Irán ha sido un ejemplo dramático de conflicto entre los intereses de estado y los intereses de las corporaciones energéticas, aún cuando el estado está muy controlado por las corporaciones energéticas.
Esto se remonta al derrocamiento del régimen parlamentario iraní en 1953. En ese momento la administración Eisenhower también estaba muy controlada por las corporaciones energéticas. El gobierno de EEUU quería que las corporaciones energéticas norteamericanas tomaran el control del 40 por ciento de las concesiones de petróleo británicas en Irán (Gran Bretaña tenía todas las concesiones en ese momento) pero las corporaciones norteamericanas no deseaban hacerlo. Para los intereses a corto plazo era mucho más rentable para ellas extraer petróleo de Arabia Saudita que de Irán. Para los intereses comerciales ordinarios, ellos no deseaban entrar en conflicto con los saudíes. Pero el gobierno de EEUU les forzó a hacerlo con amenazas de juicios antimonopolio y otras medidas, y las corporaciones tuvieron que aceptar. Esa misma dinámica está volviendo a suceder ahora.
Estoy seguro que si fueras a las oficinas de Exxon Mobil y otras empresas, estarían bastante contentas de invertir en Irán, algo que sería muy rentable para ellas, pero el gobierno no les deja hacerlo, aún cuando la administración Bush/Cheney está muy influenciada por las corporaciones energéticas. Un individuo podría tomar diferentes decisiones como presidente de Exxon Mobil, que como Secretario de Estado de EEUU, porque hay implicados intereses algo diferentes.
Típicamente, el director general de una corporación está interesado, en gran medida, en ganancias y cuota de mercado a corto plazo, pero el mismo individuo como Secretario de Estado tiene en consideración los intereses globales del sistema corporativo a largo plazo y eso conduce a decisiones diferentes. Así que la relación entre las grandes corporaciones y los gobiernos nacionales es muy estrecha e indudablemente las autoridades estatales están muy influenciadas por el poder corporativo, pero existen casos interesantes de conflicto.
Cuba es otro ejemplo: secciones considerables del mundo empresarial, incluyendo las compañías petroleras, estarían bastante interesadas en acabar con el embargo de EEUU a Cuba, pero el gobierno no lo permite. George Bush proviene directamente del trasfondo del petróleo de Texas y no permitiría a las compañías petroleras de Texas cooperar con Cuba para desarrollar la extracción de petróleo mar adentro. Sería muy rentable para las compañías petroleras. De hecho ese conflicto alcanzó una confrontación más bien dramática en Ciudad de México hace un año, más o menos. Había una reunión allí de ejecutivos del petróleo con los administradores de energía cubanos, intentando trazar planes para las compañías petroleras norteamericanas, principalmente de Texas, para invertir en el petróleo cubano marino, que aparentemente es bastante abundante. La administración Bush descubrió que la reunión estaba celebrándose en un Hotel Sheraton, que es de propiedad norteamericana, y ordenó al hotel que los echara a todos, incluyendo a los compañeros de golf de Bush, y tuvieron que hacerlo. México estaba bastante disgustado con esto. Se trató de una intervención en la soberanía mexicana, aunque no había nada que pudieran hacer al respecto. Ese es un caso llamativo y existen otros.
SI: ¿Cuál ha sido el coste total de la relación existente entre los gobiernos y las corporaciones?
NC: El coste para las víctimas del Tercer Mundo es incalculable. Consideremos Guatemala, por ejemplo. La administración Eisenhower derrocó al gobierno democrático de Guatemala en 1954, en gran medida debido a los intereses de empresas multinacionales. Los costes para Guatemala desde 1954 son literalmente incalculables. Incluso ahora, después de todos estos años, aún es el país más violento de la región, con una tremenda pobreza, cientos de miles de personas masacradas. ¿Cómo mides estos costes? Guatemala iba camino de convertirse en algo como Costa Rica a principios de la década de 1950 pero la intervención de la administración Eisenhower, parcialmente influenciada por las estructuras corporativas, condujo a un desastre.
Consideremos a Chile como otro ejemplo. Hubo poderosos intereses corporativos en el caso del derrocamiento del Presidente Salvador Allende. Lo que sucedió a menudo se denomina el primer 11/9. El 11 de Septiembre de 1973, tuvo lugar el golpe militar patrocinado por EEUU. Si uno compara lo que sucedió a un equivalente norteamericano -comparándolo con el 11/9- es como si Al Qaeda hubiera bombardeado la Casa Blanca y matado al Presidente, hubiera derrocado al gobierno, y hubiera instaurado en el poder a un cruel dictador que mató entre 50.000 y 100.000 personas, torturó a 700.000 y creó un centro terrorista internacional que fue derrocando gobiernos en todo el hemisferio. Hace que el 11 de Septiembre de 2001 palidezca en comparación, pero eso fue lo que sucedió.
En Indonesia, nuevamente con la influencia substancial de las grandes corporaciones deseosas de hacerse con el control de los recursos de Indonesia, el golpe militar patrocinado por EEUU de 1965 en unos pocos meses había matado a cientos de miles de personas y dejó el país en manos de un cruel dictador que cometió todo tipo de atrocidades después. Se puede continuar con estos ejemplos una y otra vez. Los costes han sido extraordinarios.
SI: Considerando que la relación entre el gobierno y el sector empresarial está creando desastres humanitarios y disparidad económica, y con el futuro de todo el planeta amenazado por el calentamiento global, ¿por qué los políticos y ejecutivos corporativos están dispuestos a embarcarse en un comportamiento suicida, considerando que sus propias y futuras vidas dependen en la seguridad y salud de las personas y del mundo que están poniendo en peligro?
NC: Si eres un ejecutivo corporativo o un funcionario en un gobierno que está muy influenciado por las empresas, tu preocupación es con el poder, las ganancias, el privilegio y la riqueza en un futuro a corto plazo. Por otro lado, podrías ser una persona con nietos y deseas que vivan en un mundo habitable. Cuando te vas a casa, eso podría ser lo que te preocupara, pero en la oficina ese no es tu trabajo. Tu trabajo, como director general de una corporación, por ejemplo, es asegurarte que los balances sean buenos en el próximo trimestre. Hay muy poca planificación a largo plazo en el sistema empresarial y existen razones para ello. Es casi un imperativo institucional. No tenemos un sistema muy competitivo. Es una oligarquía en muchos sentidos, con algo de competencia.
Consideremos la exportación civil de vanguardia, los aviones civiles. Existen básicamente dos empresas en el mundo que son los grandes productores de aviones civiles: Boeing y Airbus. Están continuamente en litigio, que es casi cómico de observar, sobre quién recibe más subsidios gubernamentales. Ambas sobreviven con subsidios gubernamentales masivos. Están, por supuesto, compitiendo, pero sólo supongamos que realmente fuesen empresas capitalistas reales, no empresas capitalistas estatales. Supongamos que Airbus decide invertir sus recursos en producir un avión con una gran eficiencia energética que estaría operativo de aquí a 20 años. Airbus ya no existiría en 20 años porque Boeing invertiría los mismos recursos en vender aviones el próximo año. Por tanto Airbus no pude hacer esto. Éstas son las cosas que no pueden desarrollarse dentro de los sistemas de mercado. Y hasta el punto limitado en que tenemos sistemas de mercado, desalienta la planificación a largo plazo, sólo por razones institucionales.
SI: ¿Cómo ha afectado a la democracia la liberalización de nuestras estructuras financieras, que fue promulgado a principios de la década de 1970 y calificada como capitalismo neoliberal?
NC: Eso fue muy bien comprendido, incluso en la década de 1940. El sistema económico de la posguerra, el así denominado sistema de Bretton Woods, fue diseñado en detalle por Gran Bretaña y Estados Unidos. Uno de los principios que introdujeron fue que los gobiernos tendrían control sobre el flujo de capital y que las divisas estarían bastante reguladas dentro de un margen estrecho. Primero, ellos pensaron que eso aumentaría el crecimiento económico, que resultó ser cierto en todo el mundo durante el mayor período en la historia económica. Pero había otra preocupación, la democracia. Ellos comprendieron muy bien que a menos que los gobiernos tuvieran la capacidad de controlar los movimientos de capital y los tipos de cambio de divisas, sencillamente no serían capaces de llevar a cabo los programas sociales democráticos populares, independientemente de cuánto le apoyara la población. Las razones son bastante claras. Ellos lo comprendieron y lo debatieron.
Si los gobiernos no pueden controlar los tipos de intercambio de capital, eso crea lo que los economistas internacionales denominan a veces un "parlamento virtual" de inversores y prestamistas que llevan a cabo a cada instante un referéndum sobre las políticas gubernamentales. Eso significa que los gobiernos se enfrentan a una doble jurisdicción, una jurisdicción es su propia población, la otra jurisdicción es el parlamento virtual. Si el parlamento virtual decide que alguna política gubernamental es lo que ellos denominan 'irracional', lo que significa que puede ayudar a la población pero dañar las ganancias, ellos pueden evitarla con la fuga de capital, ataque sobre la divisa y otras medidas contra las cuales el gobierno no tiene capacidad de evitar, a menos que posea el tipo de condiciones asociadas establecidas por el sistema Bretton Woods. Cuando esas condiciones fueron desmanteladas en la década de 1970, obtuvimos los resultados previstos: un gran daño a la economía de desarrollo y un ataque a la democracia.
SI: ¿Cómo se desenvuelve la democracia electoral en Estados Unidos?
NC: Lo que a veces se denomina el 'déficit democrático', la incapacidad de actuar de las instituciones democráticas normales, es enorme. La opinión pública en Estados Unidos es estudiada cuidadosamente, se sabe mucho sobre ella. Ha resultado ser bastante consistente e internamente coherente durante largos períodos. Un libro sobre el tema [La Desconexión de la Política Exterior] de Benjamin Page y Marshall Bouton se publicó en 2006. Además, es bien conocido que existe una enorme brecha entre la opinión pública y la política pública en grandes temas domésticos e internacionales. De hecho, en un montón de grandes temas, ambos partidos políticos están bastante a la derecha de la población.
Para mantener el poder político bajo tales situaciones, tienes que eliminar el contenido de las elecciones. Los directores de partido que dirigen las elecciones tienen que recurrir a las herramientas que de hecho son naturales para ellos. Éstas son, después de todo, las mismas empresas de relaciones públicas que intentan venderte pasta de dientes y medicamentos de estilo de vida por televisión. Sabemos cómo funciona. Cuando miras un anuncio de televisión de un medicamento de estilo de vida, por ejemplo, ves a un jugador de fútbol profesional o una actriz sexy que dice: "Es bueno para A. Pregunta a tu médico si es bueno para ti". No te dan información. Te presentan un anuncio de un coche pero no hay mucha información sobre el coche. Intentan engañarte con imágenes. Esa es una herramienta para socavar los mercados. A las empresas no les gustan los mercados, desean control. No desean mercados con consumidores informados que escogen de forma racional.
Las mismas instituciones gestionan las campañas electorales, y desean vender candidatos. Ese es el bien que están vendiendo. No desean proporcionar información sobre ellos más que de lo que Generals Motors desea informar sobre sus coches. Ellos desean engañar a los votantes con imágenes y retórica. Se intentó vender a George Bush en las elecciones pasadas, por ejemplo, no en base a sus políticas (eso nunca funcionaría), sino en base a que él parece un tipo normal y corriente simpático. Él pronuncia mal palabras al igual que tipos normales y corrientes, y me gustaría conocerle en una barbacoa, etc. Acabas con personas votándole que se oponen a sus políticas e incluso no conocen ese hecho. Muy pocos votantes de Bush conocían cuáles eran sus políticas. Una mayoría de votantes de Bush pensaba que él estaba a favor del Protocolo de Kyoto, porque ellos lo estaban.
Eso es bastante parecido a vender pasta de dientes o medicamentos de estilo de vida por televisión. Cada vez más, esa es la forma en que han funcionado las elecciones cuando tienes esta enorme brecha de déficit democrático entre la opinión pública y la política. Es un desarrollo natural en una sociedad impulsada por los negocios con altas concentraciones de capital y un público muy atomizado y desorganizado. No tenemos partidos políticos en un sentido muy significativo. Nuestros partidos políticos son máquinas de producir candidatos. No son instituciones en las que participan personas excepto marginalmente. Las políticas no son programas formulados por las circunscripciones, quizás marginalmente, pero no demasiado. El público está atomizado, separados unos de otros, sujeto a una enorme propaganda de la industria de relaciones públicas y los medios de comunicación, así que acabas con este déficit democrático.
Más información: www.chomsky.info, www.hegemonyosurvival.net, www.americanempireproject.com
Jason Francis es un colaborador de Share International de Okland, California, EEUU.