Revista: SHARE INTERNACIONAL
Ejemplar: Noviembre 2009
Título: La vida que puedes salvar, por Peter Singer
Autor: Recensión de Betsy Whitfill


La vida que puedes salvar, por Peter Singer

Recensión de Betsy Whitfill

Podría parecer que este período de colapso económico extremo es un momento extraño para escribir un libro sobre dar dinero, suficiente dinero para eliminar la pobreza extrema en la cual 1.400 millones de nosotros vivimos, o más bien, morimos. No obstante, Peter Singer, escritor y profesor de bioética de la Universidad de Princeton en EEUU, proclama sin tapujos que es imperativo, si queremos vivir una vida ética, que demos, y a través de dar lograr ese objetivo.
Singer presenta su argumento básico de la siguiente manera. "Primera premisa: El sufrimiento y la muerte por falta de alimento, cobijo y asistencia sanitaria es malo. Segunda premisa: Si está en tus manos evitar que suceda algo malo, sin sacrificar nada remotamente importante, es erróneo no hacerlo. Tercera premisa: Donando a organismos de ayuda, puedes evitar el sufrimiento y muerte por falta de comida, cobijo y asistencia sanitaria, sin sacrificar nada remotamente importante. Conclusión: Por tanto, si no donas a organismos de ayuda, estás haciendo algo erróneo".
No sólo aconseja Singer dar generosamente, él argumenta con energía que es éticamente imperativo que restrinjamos el consumo de nuestras "necesidades del primer mundo" como agua embotellada, visitas al balneario, nuevos ordenadores y teléfonos, e incluso las matrículas de colegios privados para nuestros hijos, a favor de dar el dinero ahorrado para luchar contra la pobreza extrema. Debemos, argumenta, dar tanto que si diéramos más, la vida de nuestros propios hijos peligraría.
Los receptores de la ayuda, explica Singer, son aquellos que, sin tener la culpa de ello, son desesperada e irremediablemente pobres. Además, nosotros en el 'primer mundo' en muchos casos hemos causado su extrema pobreza: somos culpables de la muerte de ocho millones de personas al año. Esquilmamos los océanos. Compramos (leer "robamos") sus materias primas por una miseria. Los pagos de nuestras corporaciones internacionales sustentan a muchos dictadores del mundo. Exxon-Mobil y Marathon Oil, por ejemplo, compran la mayoría del petróleo de Nueva Guinea y pagan su dinero al dictador Teodoro Obiang, que es más rico que la Reina Isabel de Inglaterra, mientras que su pueblo vive una media de 49 años y 1 de cada 12 niños muere en el primer año de vida. Nuestras emisiones de gases de efecto invernadero impactan a los pobres desproporcionadamente a través de la alteración de los patrones de lluvia creando sequía, el azote de las comunidades agrícolas. Mientras tanto, comenta Singer, las investigaciones muestras que los norteamericanos desperdician un equivalente a 100.000 millones de dólares en alimentos anualmente. Podemos y debemos, dice, llevar nuestra vida a un equilibrio con las vidas de las demás personas del planeta.
Singer debate el rango completo de razones por las que afirmamos no poder dar, o no poder dar mucho, todo desde el a menudo malinterpretado mandato bíblico que "los pobres siempre estarán con nosotros" al temor de que si damos todo a los pobres no nos quedará nada. La mayoría de norteamericanos, comenta, son rápidos en contestar que son las personas más generosas del planeta. De hecho, EEUU está cerca del final de la lista de naciones industrializadas en dar, y como una nación normalmente da para conseguir ventajas políticas más que para mitigar la pobreza.
Según las estadísticas recogidas por la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE), EEUU está segundo por la cola, sólo por encima de Grecia, en ayuda oficial como porcentaje del producto interior bruto, 18 céntimos por cada 100 dólares de ingresos nacionales. Además, las donaciones privadas norteamericanas para la ayuda internacional suma sólo el 0,07 por ciento de nuestro producto interior bruto o 7 céntimos de cada 100 dólares de ingresos. Según Giving USA 2008, un informe anual sobre la filantropía en EEUU, los norteamericanos privados dan un tercio de todos los donativos a organizaciones religiosas, cuyo dinero se utiliza principalmente para pagar al clérigo, a gastos administrativos, costes inmobiliarios y mantenimiento.
No sorprende a los lectores de la revista Share International que muchos nuevos millonarios, incluso multimillonarios, se hayan creado en la última década. Singer sostiene la postura que estos "super ricos" son mucho más felices cuando dan, y dan generosamente. Por ejemplo, James Hong, que amasó sus millones desarrollando un sitio web de red social en Internet, ha creado 10over100.org, una organización cuyos miembros acuerdan dar el 10 por ciento de sus ingresos superiores a 100.000 dólares al año. La satisfacción de Hong proviene del hecho de que él mide su éxito no por cuánto dinero adicional ha acumulado, sino cuánto reparte. Utilizando una herencia de 250.000 dólares, Chris Ellinger, un activista social de en Philadelphia, comenzó la 50% League cuyos miembros dan al menos la mitad de su fortuna o, durante los últimos tres años, la mitad de sus ingresos.
La lista de Singer de tales grupos incluye tanto a los super ricos como a aquellos con medios modestos. Ellos han descubierto, comenta, un renovado significado en sus vidas sabiendo que realmente salvan vidas de personas que no conocen. Sin embargo, para la mayoría de personas, crear una cultura de dar requiere conocer a aquellos que necesitan su ayuda, ver sus rostros y saber cómo su aportación ha ayudado.
Él también recomienda que cuando se donen grandes sumas, al contrario de los mandatos bíblicos, debería haber una gran fanfarria, que, él sugiere, animaría a otras personas a contribuir generosamente. Las personas realmente actúan de forma altruista cada día, él argumenta. Dejan propinas, rescatan a animales perdidos, y ayudan a ancianos a cruzar la calle. Singer considera esos actos como éticamente poderosos y deberían ser reconocidos como tales, incluso si las personas a menudo dicen que actuaron por razones egoístas.
La cuestión, entonces, es ¿cuánto deberíamos dar para acabar con la pobreza absoluta y salvar vidas si queremos cumplir los estándares para vivir una vida ética? Aunque Singer presenta un amplio debate sobre lo que es "participación justa" nacional y privada, con fórmulas técnicas, él concluye que el 95 por ciento de nosotros deberíamos dar al menos el 5 por ciento de nuestros ingresos anuales. Si tales donativos son deducibles de impuestos para nosotros, deberíamos utilizar nuestros ingresos brutos como el estándar. Si los donativos no son deducibles de impuestos, deberíamos utilizar la cifra de ingresos netos o después de impuestos.
Cuando se consideran las necesidades básicas de los extremadamente pobres, Singer recomienda una escala móvil de aportaciones basada en ingresos que van de los super ricos (que ganan más de 10,7 millones de dólares anuales) que deberían dar un tercio de sus ingresos, a los "confortables" (con una media de 122.000 dólares anuales) que deberían dar el 5 por ciento. Él además extiende ese modelo a escala mundial, para incluir a EEUU aportando un tercio de su Producto Interior Bruto, su participación justa de los ingresos totales de las 22 naciones de la OCDE en conjunto*. Él concluye que 1,5 billones de dólares podrían aportarse anualmente para la erradicación de la pobreza extrema, ocho veces el monto necesario para cumplir los Objetivos de Desarrollo del Milenio de la ONU para el 2015. Así que el argumenta que no sólo no hay excusas para reprimirse de dar, nuestra aportación podría y acabaría con la pobreza más crítica para siempre.
Hacia el final, Singer ofrece algunos pensamientos motivadores. Si no tenemos que invertir dinero en guardar las apariencias, pensad cuán relajados y confortables estaríamos. Pensad en la satisfacción obtenida por vivir sencillamente y compartir nuestra abundancia para que otras personas puedan vivir. Pensad en la libertad conseguida si no necesitamos centrarnos siempre en ganar más dinero, comprar productos y generar desperdicios.
Pensad en la felicidad que sentiremos cuando la forma en que vivimos armoniza con la forma que sabemos que debemos vivir.

Para saber más sobre el plan de siete puntos de Singer para permitir a los lectores unirse a este esfuerzo, visite www.TheLifeYouCanSave.com

* Utilizando "las cifras de paridad de poder adquisitivo de la OCDE, en 2006 el PIB de EEUU representó el 36 por ciento del total de la OCDE".

Betsy Whitfill posee un BA en Filosofía del Wilson College, Chambersburg, Pennsylvania, EEUU, y es una colaboradora de Share International.




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