LAS AGUAS CURATIVAS DE TLACOTE

A continuación se reproducen dos artículos publicados en la revista Share International


VIAJE A TLACOTE

Por Gill Fry

Desde mayo de 1991, en la pequeña ciudad de Tlacote, a una distancia de dos horas y media al norte de Ciudad de México, un manantial ha estado produciendo agua milagrosa. El dueño del rancho, el Sr. Chahin, descubrió la propiedades curativas cuando su perro herido se recuperó rápidamente, después de haber bebido el agua. Después de pruebas exitosas en los trabajadores de su rancho, abrió las puertas al público.

Gill Fry, una colaboradora de SHARE INTERNATIONAL en Londres, visitó Tlacote en julio de 1992 y ha escrito el siguiente reportaje


Como enfermera profesional, estaba fascinada por los reportajes del agua de Tlacote que había curado tantas dolencias, incluyendo la diabetes, la epilepsia, la artritis, el cáncer y hasta el SIDA. Habiendo trabajado durante 10 años con pacientes que sufrían el dolor y la angustia de tales enfermedades, la idea de encontrar una cura, o cura parcial, era excitantemente indescriptible.

Es por ello que partí, en julio de este año, en una búsqueda a México para recoger el agua milagrosa de Tlacote. Por lo que había leído, esperaba algunas dificultades al menos esperando en la cola durante tres o cuatro días y noches, con temperaturas casi tropicales, y llevé conmigo un completo equipo de supervivencia (redes mosquiteras, crema solar protectora, ropa de cama, etc.) y llegué preparada para cualquier eventualidad. También había leído que la ración de agua por persona era generalmente de tres litros, y traje conmigo varios recipientes plásticos. Tal como resultó, no podía haber estado más equivocada. Un conocido de Benjamin Creme extremadamente amable de Ciudad de México se encargó de mí, me condujo a Tlacote y, hablando la lengua local (que yo no conocía), sorteó toda obstáculo y problema. Toda puerta parecía completamente abierta. Mi tres días de privación se convirtieron en tres meras horas de espera; mi ración de agua aumentó de tres a 38 litros; aún más maravilloso, presencié la fotografía más extraordinariamente posible en la existencia, que confirmó todo lo que había creído durante los últimos seis años.

Desde mayo de 1991 tres millones de personas habían estado en Tlacote, y al menos seis millones de personas habían bebido el agua. El dueño del rancho, el Sr. Chahin, guarda los archivos de registro de cada visitante, algunos de los cuales han llegado de tan lejos como Europa y Rusia. Muchos funcionarios del gobierno mexicano, políticos y artistas han sido vistos esperando en la cola, que varía entre 5.000 a 10.000 personas diarias. El rancho está muy limpio y los edificios recién pintados. Grandes y exuberante árboles proporcionaban a la multitud una sombra invitadora para el sol abrasador. Había imaginado una escena seca y desértica con colas caóticas y sinfín de gente exhausta, pero encontré todo muy bien organizado, con la cola moviéndose rápido y eficientemente. Después de registrarse, la Sra. Chahin, la esposa del ranchero y médica de profesión, estudiaba el certificado médico de cada visitante y decidía en la cantidad y dosis apropiadas, recetando el agua de forma oral, o externa como gotas para ojos, o enemas o aplicación directa en la piel para cáncer de piel, eczemas, etc. Debe ser un trabajo agotador responder a un aluvión de preguntas de miles de personas diarias, sin embargo ella realizaba su labor con infinita paciencia y amabilidad, ofreciendo su consejo libremente. Ninguna persona del rancho recibía dinero por su servicio, y trabajan de 9.30 a las 15.30 todos los días. El Sr. Chahin nunca ha cobrado por el agua, pero considerando el tiempo y esfuerzo involucrados, a mi entender una forma de donativo voluntario podría suministrar una ayuda de apoyo y podría introducirse alguna vez.

Después de la consulta médica, uno espera en fila para recibir el agua. Enormes tanques de agua de acero inoxidable, que el gobierno ayudó a suministrar, bombean el agua a los grifos plásticos desde el profundo pozo artesiano que, se nos cuenta, nunca se secará. Habiendo pensado en este momento durante meses, sentí un gran regocijo mientras observaba cómo se llenaba mi recipiente. Todas mis esperanzas se cumplían y me daban más agua de la nunca soñé posible. Después de agradecer a los trabajadores y volver a apretar el cierre de los recipientes, reflexioné brevemente en la viabilidad de llevar 38 litros de agua, el desalentador pensamiento de las aduanas. (Curiosamente, en la realidad, nadie de aduanas me preguntó una sola pregunta sobre el peso o contenido de mis maletas con sobrepeso, llenas de agua milagrosa.) Tales preocupaciones fueron rápidamente disipadas mientras me ofrecían una taza de agua. Sabía maravillosamente y un poco dulce, pura y ligera. Al finalizar el día había bebido tres tazas y algunos días después comprendí el error. Tuve que sufrir un mal de estómago durante una semana. El agua es totalmente limpia y pura, pero muy potente. La dosis necesaria es realmente muy pequeña. Un par de cucharaditas hubieran sido más que suficientes para mí.

Se me mostró la oficina del Sr. Chahin que tenía dos grandes paredes llenas de archivos de visitantes, y estantes cubiertos de aparatos para chequear el agua. Justo cuando estaba yéndome, me mostraron una fotografía enmarcada junto a la historia e implicación fenoménica más extraordinaria. Un hombre que había bebido el agua, y había sido curado, tomó varias fotografías del rancho. Al regresar a su casa, aún le quedaba una foto en el carrete. Ansioso de acabarlo y revelarlo, tomó una fotografía de su nuevo televisor. El aparato estaba apagado; la pantalla vacía. Para su asombro, después de revelar el carrete, la última foto mostraba la pantalla del televisor con un rostro en ella: el rostro de Cristo con una corona de espinas sobre Su cabeza. Sentí escalofríos mientras observaba la poderosa imagen. Con el tiempo limitado, tomé varias fotografías, esperando poder capturar una más bien pálida foto, con las complicaciones del brillo del sol y un cristal de marco reflectante. Afortunadamente, las fotografías que tomé parecían aún más poderosas que el original, y el rostro es claramente visible.

Volviendo a casa con mis excitantes noticias, cargando mis maletas llenas de agua, me sentí triplemente bendecida: mi espera en fila había sido corta; me habían dado litros de agua; y había presenciado la evidencia más tangible de la presencia de Maitreya.

(extractos de SHARE INTERNATIONAL, Septiembre de 1992)


EL CORAZÓN DE TLACOTE

Por Bette Stockbauer

Una vez al mes un autobús sale de San Antonio, Tejas, llevando peregrinos a las aguas curativas de Tlacote, México. La salida es el viernes por la tarde y el regreso a la mañana temprano del lunes. Hay una parada para pasar la noche en la ciudad mexicana de San Luis de Potosí. El viaje cuesta sólo 145 dólares.

La idea del viaje surgió cuando Tino Duran, editor y dueño de LA PRENSA, periódico en español de San Antonio, escuchó sobre Tlacote y decidió ir allí. Duran buscaba ayuda para sus propios problemas médicos y también quería un reportaje del lugar en su periódico. El se sorprendió de lo que vio. Después de que su historia se publicara en LA PRENSA, la gente comenzó a llamar, pidiendo más información. A causa de que el viaje es complicado en coche, las carreteras son peligrosas y los alojamientos escasos, él quiso ofrecer un viaje en autobús que haría la experiencia más accesible a la gente de San Antonio.

Mientras me preparaba para el viaje, las palabras de la Madre Teresa permanecían en mis oídos: Hagamos algo hermoso por Dios. En mi camino, encontraría mucha gente que intentaba llevar a cabo las palabras de la Madre Teresa.

El día de partida, un frente frío había aumentado el grado de humedad de un caluroso verano de Tejas. La esperanza natural de mis acompañantes se combinó con el aire energizante del norte para engendrar muchas sonrisas y alegres expectaciones. Para elevar aún más la emoción, se encontraba con nosotros una unidad de tres personas del canal 4 de televisión de Dallas. Ellos filmarían el viaje para realizar una serie de tres capítulos que sería emitido durante la semana de más audiencia de la temporada. Además, un periodista independiente y un fotógrafo, también de Dallas, daban cobertura al viaje.

Cada uno tenía una historia que contar y en cada parada del autobús se podía encontrar a los reporteros entrevistando a la gente, describiendo sus enfermedades y expectativas. Periodistas preguntaban a otros periodistas. Wally, el cámara, realizó una narrativa visual del paisaje mexicano, los pasajeros y los momentos cumbres del viaje. Santo, el conductor, era el comediante del grupo. Entre aventuras espeluznantes en la carretera, nos entretenía con bromas.

Rolando Montes, un escritor de LA PRENSA, y su mujer, Isabel, acompañan cada viaje, actuando como intérpretes, para resolver problemas, y como embajadores de buena voluntad. Es un trabajo desafiante, puesto que hay muchas peticiones especiales y algunas dificultades todo el tiempo. Sin embargo, ambos confirman las gratificaciones involucradas, y es obvio que dan su tiempo con un corazón abierto y una profunda compasión.

Muchas historias que contar

La experiencia del corazón de Tlacote se encuentra en las historias de las personas, sus dificultades y la esperanza que portan.

Joe Morales viaja con su madre. Un accidente de coche causó al hermano de Joe una lesión cerebral, incapacidad de tragar y necesidad de atención médica continua. Joe comparte los gastos sanitarios con otro hermano. Unas pocas gotas de agua de Tlacote permitieron a su hermano tragar por vez primera. Joe espera que el uso a largo plazo tenga efectos espectaculares.

Una sonrisa brillante alumbra siempre el rostro de María Guerra. Este es su segundo viaje para ella y para su marido, Gerardo. Tres meses antes, el primer uso del agua de Tlacote disminuyó el nivel de azúcar en la sangre de él de 275 a 67 en 10 días. Un sobrino en tratamiento de insulina pudo disminuir su dosis a un cuarto de la original. El nivel de colesterol de María disminuyó de 325 a 236. Ella siente que existen muchas razones para sentirse feliz.

Lewis Thompson Mohr, un residente de Dallas, realiza el viaje junto a su esposa, Cathy, que padece de esclerosis múltiple y ya no puede andar. El cuida de ella todo el día. Durante la noche trabaja, dejándola sola, pero rodeada de sistema de apoyo de teléfonos y alimentación que le suministraría cualquier necesidad que pudiera tener. El ha probado varios tratamientos e invirtió grandes sumas de dinero en busca de ayuda. Un quiropráctico de Dallas dio a Cathy su primera dosis de agua de Tlacote. Cuando Tom vio la luz en los ojos de ella y la energía que impartía instantáneamente, decidió realizar el viaje. Una razón para su esperanza es que el agua es gratuita y el viaje de autobús tiene un coste reducido. Un número de dificultades desaparecieron mientras organizaba el viaje.

Antonia González ha sufrido artritis durante 30 años. Ha deformado sus pies y manos. A veces su cuello y su columna vertebral están tan rígidas que no puede mover su cabeza. Su médico le recomendó operarse de la columna vertebral pero Antonia consideró las posibilidades de recuperación demasiado reducidas y el coste demasiado elevado. Ella decidió llevar a su familia de vacaciones a Florida en su lugar. En el avión ella rezó para ser liberada de su dolor para al menos poder finalizar el viaje. Cuando el avión había llegado a Florida, era capaz de mover su cabeza y cuello libremente.

Así comenzó un largo viaje de fe para Antonia. Ella comenta, cada día me despierto y se que Dios me ha otorgado este dolor. Se, también, que es demasiado grande para que yo lo aguante, por lo que rezo y se lo ofrezco de vuelta. El me lo otorgó y yo se lo doy de vuelta. Así es como soy capaz de aguantarlo.

Diferentes tipos de curación

Su acompañante, Angie Murillo, es tan radiante como su nombre significa. Después de 11 operaciones ella busca una forma diferente de curación. Durante una reunión de oración en su iglesia, Angie y Antonia descubrieron que estaban apuntadas en el mismo viaje de autobús. Angie prometió ocuparse de la numerosas necesidades físicas de Antonia. Su constante alegría y paciencia llenaban el vehículo.

María Garza sufre de osteoporosis y artritis. Ella fue primero a Tlacote como una escéptica, pero deseosa de buscar ayuda para su nieta epiléptica. Después de experimentar un 70 por ciento de mejoría, comenzó su régimen personal. El hijo de María es un ingeniero químico. El también era escéptico hasta que analizó una muestra. Descubriendo las propiedades inusuales del agua, el ahora incita a María para que continúe utilizándola.

Leo y Aida Gómez están buscando una alternativa al tratamiento médico. Se le recomendó al Sr. Gómez diálisis, pero quieren evitar el riesgo y gastos que esto conllevaría. La Sra. Gómez se decepcionó del sistema médico después de recibir 27 dosis de radiación que ella ahora cree fueron innecesarias. Después de una vida de trabajo duro, ellos esperan tener suficiente salud para viajar y disfrutar de su jubilación.

Mi compañera de asiento y traductora, Berta Cortez, tiene una discapacidad visual que sus médicos no consiguen diagnosticar. Su hija tiene problemas de salud, y su nieto un trastorno de atención, por lo que ella traerá agua para toda la familia. Durante todo el viaje bromeamos sobre las muchas extravagancias del viaje y hora mexicanos.

Estos son uno pocos de los millones que vienen, sus esperanzas expresadas en una miríada de formas.

A Tlacote, ida y vuelta

Toda la noche viajamos con lluvia, y nos sentimos aliviados cuando el día trajo el resplandor del sol. Desayunamos en un café al aire libre y a las 11 estábamos acercándonos a Tlacote. Es un pequeño poblado ubicado en la ladera de una colina. Tiene vista a una gran finca propiedad del estado. La finca está cuidadosamente dividida en parcelas separadas por hileras de árboles. Está rodeada completamente por una pared de ladrillos.

Entrando a Tlacote, es obvio que el agua y las curaciones están bendiciendo a algunos de los aldeanos con un poco de ingresos. Los peregrinos esperan en fila a la derecha del camino, y a la izquierda están los vendedores en pequeños tenderetes vendiendo comida, ropa y curiosidades. Otros comerciantes venden joyas, periódicos, golosinas y bisutería, además de recipientes plásticos de 20 litros, la medida estándar dada a los peregrinos. Después de adquirir nuestras botellas pasamos a través de una entrada especial para extranjeros. Antonia valientemente anduvo el sendero rocoso descendente con su bastón. Wally filmó su descenso.

Las siguientes dos horas las pasamos esperando en fila para ver al médico. Hablamos entre nosotros y con otros que habían venido. Una mujer había viajado sola de Guatemala. En su ciudad también existe un manantial milagroso. Cuando se le preguntó por qué había venido hasta Tlacote, ella dijo que las aguas de su ciudad sólo curaban la calvicie y no otras enfermedades, como el manantial de Tlacote. Finalmente, cada uno habló con el médico, recibió una receta y obtuvo el agua. Camiones y carros especialmente alquilados transportaban los pesados recipientes por la colina hasta el autobús. Cinco horas después de haber llegado, caminamos por la calle de los vendedores y abordamos el autobús que se dirigió a un hotel céntrico de San Luis de Potosí, a una hora y media del lugar.

El viaje en autobús es tranquilo y de reflexión. La tierra ha sido recién empapada por una tormenta. Un brillante arco iris doble une dos picos cercanos. Uno por uno, los pasajeros exclaman con asombro cuando lo ven. Incrementa su intensidad mientras nos abrimos pasos entre las colinas.

La estancia en el hotel es una pausa amena. El Sr. Montes organiza una cena de comida mexicana. En esta noche actuará una banda mariachi de 15 miembros con mandolinas y guitarras. El panderetero es un artista, uniendo hábilmente la danza y la pandereta en un movimiento.

El domingo partimos al mediodía, abriéndonos camino por las estrechas calles. La ciudad es un espectáculo por sí misma, su belleza salpicada por catedrales majestuosas. Esa noche, la luna llena de octubre ilumina las colinas que no pudimos observar en nuestro viaje de ida lluvioso. En la última parada antes de Laredo, Tejas, Antonia intenta andar hasta los lavabos sin su bastón. Wally filma el triunfo y Antonia vuelve al autobús, jadeando pero exuberante. Ella y Angie susurran y ríen hasta bien entrada la noche.

El lunes por la mañana a las 5 llegamos a San Antonio a la oficina de LA PRENSA. Isabel y Rolando Montes reúnen la última ración de energía para descargar los más de 70 recipientes de 20 kilos del portaequipajes y ayudando a cargarlos en los coches de las personas. Wally, el cámara, hace unas tomas de cerca de las personas buscando su precioso cargamento. Amigos y parientes llegan para compartir la excitación.

Este ha sido un viaje de esperanza. Para algunos, será el comienzo de una nueva relación con la vida, una relación construida con la fe y el poder de renovación en esa chispa de Dios que nosotros llamamos el espíritu humano. Todos nos conmovimos con nuestros acompañantes del camino. Muchos de nosotros sentimos que hemos compartido una experiencia más grande que nosotros. De alguna manera percibimos que haciendo este viaje, quizás, hemos hecho algo hermoso para Dios.

(extractos de SHARE INTERNATIONAL, Diciembre de 1992)


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